sábado, 28 de mayo de 2011

FENÓMENO DE LA NIÑA 


 Colombia nunca había registrado tantas lluvias ni áreas afectadas por inundaciones como las que se presentan desde la primera temporada de lluvias del 2010. Así lo demuestran los registros meteorológicos del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) y los análisis que desde hace 75 años realiza el IGAC (Instituto Geográfico Agustín Codazzi).

El más reciente estudio público del IGAC sobre el estado de las inundaciones en Colombia, revela que 844.518 hectáreas están anegadas por efectos de las lluvias que se intensificaron con el fenómeno de la Niña que comenzó hace un año. Es decir, 27 veces el tamaño de la zona urbana de Bogotá.

La cifra es reveladora y preocupante si se tiene en cuenta que en ella no están incluidos los cuerpos de agua (ríos, pantanos, ciénagas, humedales, embalses y lagunas) ni las zonas cuyas inundaciones son normales en la temporada de lluvias. Sumadas, el país registró a finales del 2010 y principios del 2011, 2’107.081 hectáreas con agua (equivalente a casi la totalidad del departamento de Cundinamarca).

El estudio analizó las inundaciones desde que se declaró la emergencia social, económica y ecológica (7 de diciembre). Abarca el 14,6 por ciento del territorio nacional, que concentra el 80 por ciento de los problemas de inundaciones que tiene el país.

El análisis no incluye las inundaciones que las lluvias y el fenómeno de la Niña han causado durante este abril, que aún sin terminar, ya superó el nivel de lluvias que cayó en el mismo mes del año pasado, según el IDEAM.

El panorama preocupa a los organismos de emergencias. Durante los meses secos (diciembre del 2010 y enero y febrero del 2011), el país no logró recuperarse: los suelos están saturados de agua y las inundaciones apenas se redujeron el 15 por ciento, según informó el IGAC hace algunas semanas.

Los departamentos más afectados están en la costa Caribe. Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba son los que presentan el mayor número de hectáreas afectadas por el agua, incluso inundaciones que no se ven a simple vista. Según IGAC, hay pueblos, cultivos y bosques que por debajo de ellos también hay inundación o tienen los suelos saturados de agua.

La próxima semana el IGAC revelará un nuevo estudio. De acuerdo con expertos, estas estadísticas tienden a aumentar dado que, según los pronósticos, el invierno terminará a finales de mayo, sumado a los efectos del fenómeno de la Niña, que aunque se debilita con los días, será recordado como el más fuerte de la historia.
 

jueves, 31 de marzo de 2011

FENOMENOS NATURALES

El viento, las olas y toda la dinámica natural nos muestran la compleja interrelación que existe entre la litósfera, hidrósfera, atmósfera y biósfera. Gran parte de esa dinámica son para los seres humanos casi imperceptibles, como la erosión y la sedimentación producidas por el viento, los ríos, los glaciares, etcétera. Sin embargo, hay momentos en los cuales el comportamiento de los elementos naturales se vuelve violento, como los movimientos sísmicos y las erupciones volcánicas, poniendo en riesgo las sociedades, sus bienes y sus actividades.
Un movimiento sísmico, un huracán o cualquier otro fenómeno extremo de la naturaleza se convierte en desastre o catástrofe cuando ocasiona pérdidas humanas o económicas. Es decir, se denomina “Desastre Natural” sólo cuando el problema social o económico es detonado por un fenómeno de la naturaleza. Loe Golden dice “… un peligro latente se convierte en desastre si ocurre donde vive gente”.
Las consecuencias de los desastres naturales no deben mirarse únicamente desde el punto de vista de las vidas que se pierden, sino también desde el punto de vista económico, porque constituyen un obstáculo para el desarrollo económico y social de la región, especialmente en los países en desarrollo.En ellos, un desastre puede ocasionar una reducción del Producto Bruto Nacional (PBN) por varios años. Por ejemplo, una inundación arrastra la capa fértil del suelo y tarda años en recuperarse. Se ha calculado que las pérdidas del PBN debidas a los desastres pueden ser, en proporción, 20 veces mayores en los países en desarrollo que en las naciones más adelantadas.
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) ha calculado que la sequía registrada en los años 70 en El Sahel (África) redujo a la mitad el PBN de los países del área: Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania, Níger y Senegal.
Los desastres pueden tener consecuencias tardías, es decir que sólo se pueden evaluar a lo largo de varios años. Una sequía o una inundación pueden afectar la economía de la región o de un país de manera tal que repercuta en la calidad de vida y en la salud de su población por varios años, incluso décadas. Según la Oficina del Coordinador de las Naciones Unidas para el Socorro en Casos de Desastre (UNDRO), las inundaciones registradas en 1972 en Filipinas, retrasaron los esfuerzos de desarrollo del país entre tres y cinco años.
 Además, pasado el fenómeno, las víctimas no sólo necesitan ayuda material sino también apoyo psicológico. Los estudios demuestran un elevado aumento de casos de estados depresivos, personas con problemas relacionados con el consumo de alcohol y drogas, e incluso un preocupante incremento de la tasa de suicidios.